martes, 25 de agosto de 2015

COLEGIO NUESTRA SEÑORA DE LAS MERCEDES: UNA ESCUELA CON SOLERA


Conocer la historia del colegio Nuestra Señora de las Mercedes supone no solamente viajar en el tiempo, sino comprobar la evolución del sistema educativo español. Actualmente sería impensable que en una solo aula se impartieran todos los niveles de primaria y secundaria, y que alumnas de diferentes edades compartieran una misma clase. Así permaneció hasta mediados de la década de los sesenta, en la que se añadió una nueva aula. Posteriormente se pasó a tres, aunque no varió el sistema de juntar a alumnos de diferentes cursos. El colegio Nuestra Señora de las Mercedes fue uno de los centros educativos privados más prestigiosos de la época. Algunas fuentes sitúan sus inicios en el año 1934, y otras lo hacen a finales de los años cuarenta. Estaba ubicado en Paseo Colón, número 27. 
Según datos extraídos de ‘La Educación en Ceuta y el Norte de África en los siglos XIX y XX’ –trabajo expuesto por Arturo Fuentes Viñas en el transcurso de las XIII Jornadas de Historia de Ceuta- el colegio Nuestra Señora de las Mercedes estaba dirigido en sus inicios por Visitación Gómez Molina. La escuela ocupaba una gran aula que formaba parte de su domicilio, en el que vivía junto a su marido, Luís Chaves Rojas; y su hermana, Antonia Gómez Molina. Doña Visitación, como la conocían sus alumnas, estuvo al frente del colegio durante casi tres décadas. Muchas de aquellas antiguas estudiantes –pasaron distintas generaciones- aún recuerdan su figura. Es el caso de Maruja y Pepi García. Ambas hermanas, aunque en diferentes etapas, cursaron sus primeros estudios en el colegio Nuestra Señora de las Mercedes. Maruja García, quien permaneció siete años -desde 1948 a 1955- recuerda la disciplina que reinaba en la escuela, destacando que Doña Visitación era “muy autoritaria y estricta, pero nos trataba muy bien”. Algo en lo que coincide su hermana Pepi García, quien la define como “una buena mujer”. “Era la encargada – recuerda- de examinarnos; teníamos que sabernos la lección de memoria, y de principio a fin”. Doña visitación contaba con el apoyo de las denominadas ‘pasantas’, mujeres que ejercían de docentes, pero que no contaban con titulación. Incluso, refleja Arturo Fuentes Viñas, algunas sólo poseían estudios básicos. 

Traspaso 

En el año 1966, Visitación Gómez decidió poner en venta el colegio que décadas antes había fundado. El coste del traspaso ascendió a 150.000 de las antiguas pesetas. José Antonio Fuentes decidió hacerse cargo del centro, iniciándose el curso 1966/67 bajo su dirección. Cuarenta y siete años después, Fuentes -por aquel entonces un joven maestro- rememora cómo surgió la posibilidad de asumir las riendas del colegio: “Doña Visitación era mayor, tenía pensado marcharse de la ciudad y quería traspasarlo. Por medio de mi madre, que tuvo conocimiento que ponía el colegio en venta, iniciamos las gestiones con Doña Visitación y finalmente se produjo el traspaso”. 
En septiembre de 1966 comenzó el nuevo curso escolar. El primero sin Doña Visitación. Y pronto surgieron los problemas para el nuevo director: “En un principio –recuerda José Antonio Fuentes- abrimos las puertas y no sabíamos el total de alumnas que estaban matriculadas. Fue una sorpresa porque había más de ochenta. Primero pensamos que el Ministerio no lo iba a admitir, pero sería difícil hacer una criba y dejar a algunas alumnas fuera”. Al tratarse de un nuevo curso y además producirse el traspaso, el Ministerio de Educación llevó a cabo una inspección, cumpliéndose los augurios de Fuentes: “Nos dijeron que había que reducir el número de alumnas, o buscar una solución”. El nuevo propietario del colegio Nuestra Señora de las Mercedes alcanzó un acuerdo con el inspector, y se comprometió a encontrar remedio a la situación. No era fácil, pero el problema quedó resuelto con la incorporación de una nueva aula: “Como teníamos más habitaciones, adecuamos una de ellas para dar clase y repartimos a las alumnas entres los dos aulas”. También fue necesario establecer un horario especial, ya que “si no lo hacíamos así –explica José Antonio Fuentes- no nos autorizaban a comenzar el curso”. “Tuvimos que hacer –añade- dos grupos. El primero entraba a las nueve de la mañana y salía a las doce del mediodía, teniendo que volver de tres a cinco de la tarde. Nada más terminar éste entraba el segundo grupo que continuaba hasta las ocho de la tarde, después de haber estado por la mañana de doce del mediodía a dos de la tarde”. 
En la etapa de Doña Visitación, el colegio Nuestra Señora de las Mercedes admitía únicamente a chicas, norma que poco después modificaba José Antonio Fuentes, convirtiéndolo en un centro mixto. Con el paso del tiempo, y ante el importante número de alumnos, el colegio pasó a tener tres aulas en las que se impartían todos los cursos de la antigua E.G.B (Educación General Básica): “En una clase dábamos primero y segundo de la antigua E.G.B; en otra tercero, cuarto y quinto; y en el aula mayor estaban los alumnos de sexto, séptimo y octavo. Entre los tres profesores nos repartíamos las asignaturas que debíamos impartir”, explica José Antonio Fuentes, quien asegura que el sistema educativo de la época “nos dio muy buenos resultados”. 
El colegio Nuestra Señora de las Mercedes cerraba definitivamente sus puertas en el año 1982. Las instalaciones, según José Antonio Fuentes, “estaban muy mal”. Pero no fue el único motivo que provocó su desaparición: “Los diferentes colegios privados que existían y que contaban de una a tres aulas nos unimos, formando lo que se llamaban agrupaciones. Se crearon dos. Una compuesta por diez colegios y otra por ocho”. Recibieron el nombre de Agrupación Sindical Nuestra Señora de África y Agrupación Sindical San José de Calasanz. Fruto de esa unión, meses después se creaba el colegio Beatriz de Silva. 
Entre los profesores que impartieron clase en el colegio Nuestra Señora de las Mercedes durante el período en el que estuvo como director José Antonio Fuentes figuran los nombres de Maricarmen Catarecha, María Aznar, Maricarmen Ramírez o los de sus hermanos José Luís y Arturo Fuentes Viñas. 
En cuanto a la figura de Doña Visitación, José Antonio Fuentes considera que era “una institución en Ceuta”, destacando la importante labor que realizó al frente de una escuela que no duda en calificar como “muy importante y que tuvo mucha solera”. 
Han transcurrido ya treinta años del cierre del colegio Nuestra Señora de las Mercedes, pero para muchos antiguos alumnos, José Antonio Fuentes sigue siendo Don Antonio: “Es una norma que he tenido hasta que me jubilé. Dentro de la clase fui muy exigente a la hora de inculcar ese respeto entre ellos y con los profesores. Fuera del aula soy uno más, pero siguen llamándome Don Antonio”, circunstancia que ni mucho menos desagrada a José Antonio Fuentes. Todo lo contrario: “Me da mucha alegría cada vez que algunos de los que fueron mis alumnos se me acercan. A veces –reconoce- no les conozco, pero cuando me dicen sus apellidos rápidamente les recuerdo”. 


Antiguas alumnas 

Maruja García aún recuerda el aula donde cursó sus estudios: “Era una habitación grande, con ventanas que daban a la glorieta. Sólo había una clase a la que accedíamos cruzando el largo pasillo de la casa de Doña Visitación”. En la memoria de Pepi García también permanece, prácticamente intacta, la imagen del uniforme: “Vestíamos de azul marino. La falda era plisada; y la blusa tenía los puños y el cuello de color blanco”. 

Esa firmeza y disciplina con la que Doña Visitación dirigía la escuela también se plasmaba en el tiempo de recreo: “Teníamos totalmente prohibido salir a la calle, por lo que nos quedábamos en la clase”. No olvidan los nombres de otras profesoras que ayudaban a Doña Visitación en su labor diaria, como “Doña Antonia o las señoritas Carmen y Rosa”. Una de las asignaturas o materias que se impartían era la de Labores, en la que “nos enseñaban –recuerda Maruja García- a hacer punto de cruz o vainicas”. 
Ambas coinciden en los buenos recuerdos que guardan de su paso por el colegio Nuestra Señora de las Mercedes. Sentimientos que coinciden con los de otra antigua alumna: Lola Cararecha, quien además vivía en el mismo edificio donde estaba ubicada la escuela. A Doña Visitación la define como “una profesora entrañable y muy cariñosa”. Especialmente recuerda que “te abrazaba con tanta fuerza, que te hacía daño”, rememora -con cariño- Lola Catarecha. 
El edificio donde estaba ubicado el colegio Nuestra Señora de las Mercedes, permaneció cerrado y abandonado varios años, hasta que fue derribado debido a su ruinoso estado. En el solar se construyó una zona residencial, presidida por un inmueble de varias plantas.

viernes, 26 de junio de 2015

26 DE JUNIO DE 1975: CEUTA SUFRIÓ UN DOBLE ATENTADO


El 26 de junio de 1975 es una de las fechas marcadas en la crónica negra de la ciudad. Aquel día, en un intervalo de apenas hora y media, se registraron dos atentados con la colocación de sendas bombas. Uno de ellos se saldaba con una víctima mortal.
El primer artefacto explosionaba en torno a las tres de la tarde en un aparcamiento situado entre el edificio de la Comandancia General de Ceuta y el Hotel La Muralla, en las inmediaciones de la Plaza de África. Según recogía la prensa de la época, la bomba estaba adosada a un vehículo con matrícula marroquí, que al parecer llevaba algunos días aparcado en la zona. La explosión alcanzó a uno de los soldados que en ese momento permanecía de guardia en la Comandancia General. Sufrió heridas leves. 



El edificio del Hotel ‘La Muralla’ también se vio afectado por la onda expansiva, rompiéndose los cristales de los locales comerciales ubicados en los bajos de las instalaciones hoteleras y causando importantes desperfectos. El ruido del impacto se escuchó en todo el hotel, aunque afortunadamente no hubo que lamentar ningún daño personal. Los vehículos que estaban aparcados junto al coche-bomba también sufrieron las consecuencias de la fuerte explosión.



Segundo artefacto

No había transcurrido una hora y media cuando estallaba el segundo artefacto. A las cuatro y media explosionaba una bomba en las instalaciones de la Comandancia Militar de Marina que había sido colocada –según recogía El Faro de Ceuta- en la entrada del edificio ubicado en la calle Calvo Sotelo, 26. El diario ABC informaba que el artefacto había sido puesto en el rellano de la escalera de la primera planta.
En el momento en el que explosionaba la bomba, entraba por la puerta principal Fernando Fernández Moreno quien junto a Luis López transportaba un mueble que debían subir a la última planta del inmueble. Según publicaba el diario ‘El Faro de Ceuta’, Fernando Fernández recibió el impacto de la explosión, siendo lanzado a varios metros de distancia. Fue trasladado en ambulancia al Hospital de la Cruz Roja, donde ingresó ya cadáver. Por su parte, Luis López Ramírez quedó ingresado en estado grave como consecuencia de las quemaduras sufridas. Minutos después de registrarse este segundo atentando, las Fuerzas de Seguridad (Policía Armada, Guardia Civil y Guardia Municipal) procedían al desalojo de las viviendas situadas en los pisos superiores de la Comandancia Militar de Marina. La explosión provocó la rotura de puertas y cristales, generando una situación de pánico entre los residentes en este edificio. Debido al estado en el que quedó el inmueble, los agentes del Cuerpo de Bomberos apuntalaron algunas partes del mismo para evitar un posible derrumbamiento.

Dispositivo policial

Nada más producirse la primera explosión, la frontera de Ceuta con Marruecos quedó cerrada. Horas después fue reabierta, aunque se procedió a un riguroso control a todas aquellas personas y vehículos que cruzaban hacia Marruecos. También se establecieron diferentes controles en otros puntos de la ciudad con la intención de identificar al autor o autores de los atentados. El estamento militar ordenó que todos aquellos soldados que se encontraban fuera de los cuarteles se incorporaran de forma inmediata.

Homenaje

Fernando Fernández Moreno, la única víctima mortal de este trágico atentado, tenía veintiséis años. Carpintero de profesión, estaba casado y tenía una hija. Residía en el barrio de la Almadraba. Según publicaba el diario ABC en su edición del 29 de junio de 1975, el Pleno Municipal aprobó la concesión de la medalla de la ciudad a título póstumo a Fernando Fernández Moreno. El alcalde, Alfonso Sotelo Azorín se trasladó junto a miembros de la corporación ceutí al domicilio de la viuda para hacerle entrega de la condecoración.

Declaraciones alcalde

El por aquel entonces alcalde de Ceuta, Alfonso Sotelo se encontraba el 26 de junio de 1975 en Madrid, en las Cortes Generales formando parte de la Comisión mixta que estudiaba el proyecto de Ley de Incompatibilidades. Desde la capital manifestaba que “estoy seguro que estos artefactos darán más fuerza, si cabe, para reafirmar nuestra españolidad”, tal y como recogía al día siguientes las páginas del diario ABC.

Testimonio

A Luis López Ramírez aún le quedan secuelas del atentado sufrido hace ya cuarenta años. Sigue sufriendo problemas en un ojo. Acompañaba a Fernando Fernández Moreno cuando explosionaba el segundo de los artefactos que estallaba aquel 26 de junio de 1975. Sufrió graves heridas, por lo que permaneció unas tres semanas ingresado en el antiguo Hospital de la Cruz Roja. Han transcurrido cuatro décadas, pero lo ocurrido aquella tarde lo tiene grabado en la memoria. Es un recuerdo que parece imborrable: “¡Cómo olvidarlo”, exclama. “Íbamos –rememora Luis López- a entregar un mueble de cocina. Lo llevábamos entre los dos. Teníamos un poco de prisa porque ese día Fernando tenía que llevar a su hija al médico. Entramos en Comandancia, y fue en ese momento cuando se produjo la explosión. Creo que estaba preparada para que explotara a esa hora”.
Como consecuencia de la explosión fue lanzado a varios metros de distancia. Ya en la calle recuerda que “había una humareda muy grande. Estaba sin ropa y con muchas quemaduras”.
En aquella época, Luis Pérez estaba preparando unas oposiciones. Un rato antes de la explosión –paradojas de la vida- estuvo junto a Fernando Moreno en la Plaza de África al tener ambos conocimiento de que había estallado un coche-bomba junto al Hotel ‘La Muralla’: “Estuvimos viendo lo que había ocurrido y allí estuvimos hablando con un policía, primo de Fernando”. Nada les hacía presagiar que lo que el destino les aguardaba poco después.
No recuerda exactamente cuándo le comunicaron que su compañero había fallecido como consecuencia del atentado, pero estima que fue “a los dos o tres días”. “Incluso ya me dijeron que estaba enterrado”, expone Luis Ramírez, a quien le unía una gran amistad con Fernando Fernández: “Nos habíamos criado juntos. Tenía una niña muy pequeña y llevaba poco tiempo casado. Lo pasé muy mal”.
Desde entonces no ha perdido el contacto con la familia de Fernando Fernández, aunque confiesa que “al principio fue muy duro. Incluso llegamos a evitarnos por los recuerdos, pero existe bastante cariño entre nosotros”.
Luis Pérez reconoce que “al principio no podía pasar por la zona donde se produjo la explosión”, pero el paso del tiempo ha hecho que, aunque surjan los recuerdos, haya superado el tener que evitar pasar por el lugar donde estaba ubicada la antigua Comandancia de Marina.
Ninguno de los dos atentados registrados aquel 26 de junio de 1975 fueron resueltos. Nunca – al menos públicamente no se explicó- se supo quién o quienes estaban detrás de aquellas explosiones. Ni el porqué de las mismas. Cuarenta años después, Luis Pérez no puede responder a estas preguntas: “Nosotros no llegamos a saber nada. Aún hoy tampoco tenemos ningún dato. Sólo sabemos que hay documentación archivada en el Juzgado Togado Militar, pero poco más”.
El Pleno Municipal también le concedió la medalla de la ciudad a Luis Pérez. El alcalde hizo entrega de la misma en el propio Hospital de la Cruz Roja. También le comunicó la decisión adoptada en el transcurso de la sesión plenaria de ofrecerle un puesto de trabajo en el Ayuntamiento ceutí.

Atentado fallido en Melilla

Coincidencia o no, un día después de la explosión de los dos artefactos en Ceuta, dos marroquíes resultaban muertos cuando intentaban poner una bomba en la ciudad hermana de Melilla. Según publicaba la prensa de la época, pretendían volar unos depósitos que contenían cuarenta mil toneladas de combustible. Horas después, y como muestra de indignación por lo ocurrido tanto en Ceuta como en Melilla, se organizó una manifestación –participaron más de dos mil personas- que se dirigió hasta la Comandancia General. Los comercios permanecieron cerrados durante toda la tarde.

Otros atentados


Ceuta sufrió otros dos atentados más. A los citados en este reportaje, hay que unir el artefacto colocado el 24 de octubre de 1978 en la antigua estación de autobuses –actualmente la Jefatura Superior de Policía- en el Paseo de Colón. El inspector de la Policía Armada, Felipe García resultó herido cuando intentaba desactivar la bomba. Posteriormente, el 6 de marzo de 1979 se registraba una explosión en una de las habitaciones de la tercera planta del Hotel Ulises. Unas quince personas resultaron heridas. El atentado fu reivindicado por el frente Patriótico de Liberación Marroquí. En un informe titulado ‘Origen y Desarticulación del Comité Pro-Frap en Málaga’ y elaborado por Carmen Rosa García Ruíz, profesora titular de la Universidad de Almería  afirmaba que “el PCE(i) desarrolló campañas de apoyo a Argelia de independencia para Canarias, País Vasco, Cataluña y promueve los Grupos Anticolonialistas de Baleares. En el 77 participa en atentados en Madrid y en el 79 en Ceuta y Melilla”.

miércoles, 10 de junio de 2015

ANTONIO MENA VICARIO NO ES DE CEUTA


Su historia nos recuerda a la de Antonio López Sánchez-Prado. Existen muchas similitudes. También muchas diferencias, pero la fe que los algecireños sienten hacia su figura es comparable a la devoción de los ceutíes por el doctor y alcalde republicano. A Antonio Mena Vicario, conocido como ‘El santito de Algeciras’ o ‘Antoñito’ se le atribuyen supuestas curas, ayudas milagrosas y favores. De ahí la esperanza que cientos de personas depositan en él, y prueba de ello es que su tumba -en el antiguo cementerio de Algeciras- desde hace años siempre está llena de flores y de muestras de agradecimiento. Al igual que ocurre con Antonio López Sánchez-Prado, ‘El santito de Algeciras’ se ha convertido en un símbolo.
Todo comenzó a mediados de la década de los 70, cuando supuestamente se produjo una aparición en el cementerio donde descansan sus restos desde 1942. Hasta no hace mucho tiempo, no existían muchos datos sobre su figura, aunque desde que se produjera este hecho, se le ha relacionado con Ceuta. Pese a todo no se ha aportado ningún documento que acredite su nacimiento en la ciudad.
Sin entrar a valorar en la credibilidad o no de esta historia; según diferentes testimonios, la supuesta aparición de Antonio Mena Vicario se produjo a mediados de la década de los setenta. Desde entonces, su figura se ha convertido en una fuente de esperanza para cientos de personas que le profesan una gran devoción, y que acuden a su tumba en busca de todo tipo de ayudas. En su nicho, en el que nunca faltan flores, se pueden apreciar numerosas placas de agradecimiento, distintos objetos (medallas, estampas, chupetes, rosarios, etc…) e incluso fotografías de Antonio López Sánchez-Prado. La historia –según publica el investigador Fernando Rodríguez en su blog ‘www.cajondeenigmas.blogspot.com’- tuvo como escenario el antiguo cementerio de Algeciras: “Una mujer vecina de la famosa barriada de ‘La  Bajadilla’ estaba adecentando el nicho de su hija recientemente fallecida en un accidente. Esta mujer no había terminado de asimilar la muerte de su hija, y en su desconsuelo permanecía allí llorando horas enteras. Según se sabe (por el guarda del cementerio), ella entraba en una especie de ‘conversación’ con la que pasaba el tiempo. Pues esa tarde, esta desconsolada madre observó como un muchacho que estaba junto a ella intentaba mediante su voz darle consuelo e intentar de explicarle que su difunta hija estaba feliz y se encontraba en un bonito lugar, por lo cual no debía de seguir atormentándose por su muerte. Así mismo el joven le dijo: ;”.


 “La mujer –continúa el relato- un poco sorprendida por aquella petición e incluso por el descaro del muchacho, le dijo que así lo haría, una vez terminara de estar con su hija. Poco después esta mujer, se acercó a la tumba que le había indicado ese muchacho y pudo observar que realmente se encontraba en un estado de total abandono: las hierbas y el polvo cubrían la lápida. Conforme iba arrancando algunas hierbas y limpiando la lápida, empezó a fijarse en una fotografía que tenía la misma. Rápidamente comenzó a gritar en un claro estado de nerviosismo, y un guarda del camposanto, acudió a ver qué ocurría. Al llegar este hombre al lugar, la mujer se encontraba buscando con la mirada desencajada al extraño joven, si bien señalaba a la lápida del desconocido diciéndole al guarda...<>”.
Desde que se produjera la supuesta aparición, ‘El santito de Algeciras’ ha sido relacionado con Ceuta. Aunque diferentes testimonios y la creencia popular así lo afirman, toda la documentación a la que he tenido acceso refleja que es natural de Algeciras. Así viene recogido en su certificado de defunción, documento que obra en mi poder tras haber sido solicitado al Ministerio de Justicia. En el mismo, la muerte de Antonio Mena Vicario es registrada el 2 de febrero de 1942, aunque se produjo un día antes a las seis de la tarde. El documento está rubricado por el Juez municipal suplente, Manuel Ruiz Fernández y el secretario interino, Fernández Bailac Soto. Cita además el nombre de dos vecinos de Algeciras que actuaron como testigos. Textualmente, el certificado recoge lo siguiente: “En Algeciras, provincia de Cádiz a las diez horas y quince minutos del día dos de febrero de mil novecientos cuarenta y dos, ante Don Manuel Ruiz Fernández, Juez municipal suplente  y Don Fernando Bailac Soto, secretario interino se procede a inscribir la defunción de D. Antonio Mena Vicario nacido en Algeciras, provincia de Cádiz, hijo de Don Rafael y Doña María”.
En cuanto a su estado civil, el documento oficial refleja que “se ignora”, desconociendo además “si deja o no descendencia”.


La muerte de Antonio Mena Vicario, según su certificado de defunción, se produjo en el Hospital Militar de Algeciras. En lo que a las causas se refiere, el fallecimiento –según el documento- se debió a una “obstrucción intestinal”. El diagnóstico estaba basado en la “certificación Militar Facultativa”.
Antonio Mena Vicario ha sido relacionado con la Legión. Pero es falso, puesto que la documentación extraída del Archivo General Militar de Guadalajara certifica que “fue movilizado y marchó a zona roja a efectuar su incorporación. Se desconoce su actuación en dicha zona. Al terminar la guerra huyó a Francia y de allí regresó a esta ciudad [Tánger]”. Posteriormente, y según refleja un documento de la Junta de Servicios Municipales de Tánger, fue puesto a disposición de la Comisión Clasificadora de Prisioneros y Presentados de la Circunscripción Occidental de Marruecos, siendo destinado al Batallón de Trabajadores número 212. En este mismo documento se reconoce que “antes y durante el Glorioso Movimiento Nacional no se le conocieron actividades políticas de clase alguna y si bien hizo causa común con los rojos no se señaló ni destacó como elemento activo ni dirigente entre ellos”. Este dato contrasta con el aportado por la familia y recogido en el blog 'lavozdegetares.blogspot.com', y en el que se afirma –textualmente- que “no participó en ningún tipo de actividad política, ni revolucionaria, ni nada que se le parezca. Un joven con una vida normal y, hasta cierto punto, ajeno a la situación que se vivía en su patria natal: la Guerra Civil”. En la ficha de Antonio Mena Vicario registrada en el Batallón de Soldados Trabajadores número 10 figura que “fue presentado” en Ceuta el 29 de mayo de 1939.
Según viene reflejado en un documento del Consulado General de España en Tánger –Antonio Mena Vicario vivía desde el año 1926 en esta localidad- el 16 de junio de 1940 fue alistado en la Caja de Reclutas de Cádiz para “servir en clase de Soldado por el tiempo de diez y ochos años”. Otro documento del Consulado General de España en Tánger recoge que el 16 de diciembre de 1941 fue destinado al Campo de Concentración Miguel de Unamuno (Madrid). Su incorporación fue registrada el 18 de diciembre y su salida se produjo un día más tarde con destino a la 3ª Compañía del Batallón de Trabajadores número 10, en Algeciras.  Allí falleció el 1 de febrero de 1942. Su muerte se produjo en el Hospital Militar de Algeciras. Tal y como se ha explicado anteriormente, el fallecimiento se produjo por “obstrucción intestinal”. Según recoge el blog 'lavozdegetares.blogspot.com', “un grupo de soldados, entre los que se encuentra Antonio, caen enfermos a consecuencia del consumo de unas batatas en mal estado, cocidas en agua de las bestias”. “Fue un compañero suyo de reemplazo –continúa el relato- el encargado de enviarles un telegrama a los padres para comunicarles la grave situación de su hijo y de otros compañeros. […] Ante esta noticia, su padre se desplaza urgentemente a la Península, a ver a su hijo. Cuando llega a Algeciras, le comunican que Antonio está ingresado en el Hospital Militar. Todos los afectados permanecían aislados, ante la posibilidad de contagio, en una sala de enfermos infecciosos, apartados del resto de pacientes para evitar su propagación. Su padre sufrió una larga espera de día y media sin poder ver a su hijo, hasta que le comunicaron la triste noticia de su fallecimiento. Es en este momento, cuando le permiten verlo sobre una fría mesa del hospital”.

Junto a que Antonio Mena Vicario es ceutí y legionario, con el paso de los años también ha ido popularizándose diferentes versiones sobre los motivos que provocaron su muerte. Una de ellas, y según explica el investigador Fernando Rodríguez es que murió “como consecuencia de una pelea o paliza callejera”. Según recoge el blog 'lavozdegetares.blogspot.com', el  padre llegó a plantearse esta posibilidad al presentar el cuerpo de su hijo “el vientre hinchado y un color morado (cianótico) en la misma zona, producido por la obstrucción intestinal”, pero “esta idea desaparece de su mente ante la situación que se vivía en aquel Hospital, debido a la situación de otras personas, como Antonio”.

El desconocimiento en torno a la vida de Antonio Mena Vicario ha provocado muchas especulaciones y falsas referencias. Entre ellas, el que fuera legionario –incluso se ha comercializado una falsa fotografía luciendo el uniforme- o que hubiera nacido en Ceuta. Tal y como queda demostrado en este reportaje ambos aspectos son incorrectos. Pese a ello e independientemente a la creencia o no en fenómenos paranormales, la figura de Antonio Mena Vicario genera una gran devoción entre los algecireños. Es un auténtico símbolo. 

viernes, 8 de mayo de 2015

CEUTA Y EL BAZAR: AQUELLOS MARAVILLOSOS AÑOS


Muchos ceutíes aún recuerdan aquellas calles repletas de visitantes realizando sus compras en los numerosos bazares que poblaban, principalmente, el centro de la ciudad. La década de los 70, 80 e incluso –aunque ya experimentando el declive- parte de los años 90. Era la época de los bazares. El boom comercial que hacía que cientos y cientos de personas que, atraídos por los competitivos precios que ofrecían los bazares ceutíes, cruzaran diariamente el Estrecho de Gibraltar con destino a Ceuta. 
Al ser zona franca, había mucha diferencia con respecto a los precios peninsulares, pero también suponía un gran reclamo la variedad de los productos. En algunos casos, eran artículos exclusivos o la última novedad de las principales marcas. Ceuta también contaba con una población flotante: la de miles de jóvenes que realizaban el Servicio Militar en la ciudad; lo que a su vez motivaba la visita de cientos de familiares. Todo ello contribuía a una situación comercial muy diferente al actual, y que quedaba reflejada en la economía ceutí. En definitiva, una época próspera para Ceuta y su comercio; y añorada en la actualidad. 


Primeros bazares 

Según datos extraídos del libro ‘Corazones de la India, Almas en Ceuta’, obra de Juan Carlos Ramchandani; el primer Bazar indio –tal y como lo conocemos-estuvo ubicado en la calle Gómez Pulido, número 22 (lo que hoy es el Paseo del Revellín). El 3 de septiembre de 1900, el Ayuntamiento de Ceuta le concedía el permiso de apertura a la empresa Uddhavaas e Hijos. El comercio se denominaba Bazar Indio. Vendía artesanía de La India, artículos de plata, telas, etc… En 1917 –tal y como recoge el citado libro- en la Guía del Norte de África y Sur de España (publicada por Manuel L. Ortega) figuraba en la relación de comercios el epígrafe ‘objetos indios’. Aparecían un total de seis bazares. 

Recuerdos 

Suresh Dhanwani vivió en primera persona el boom comercial de Ceuta. Gran conocedor del sector empresarial, actualmente preside la Asociación del Bazar de Ceuta. Siendo muy joven comenzó a trabajar en la empresa familiar, una de las más importantes de aquella época en la ciudad: “Recuerdo que estaba estudiando en Madrid y me llamó mi padre. Me dijo que le hacía falta un representante y necesitaba que me viniera. Al día siguiente de llegar a Ceuta me dio una maleta, me dijo que había doscientos bazares y que si era capaz de cubrir la demanda”. De este modo se iniciaba en el mundo del bazar. Una experiencia que califica como “muy bonita”. “No me daba tiempo –rememora- a visitar todos los establecimientos el mismo día y tenía que hacerlo por fases. En aquellos tiempos se vendían relojes de marcas como Casio o Citizen; quesos, paraguas, radiocasetes. La gente vendía hasta en los portales”. Suresh no duda en afirmar que aquella época fue “esplendorosa y muy importante” para la economía de Ceuta porque “mucha gente dependía del sector de los bazares”. Todo ello –afirma- supuso un “enriquecimiento para la ciudad”. Aquellos prolíficos años del bazar en Ceuta también le evoca gratos recuerdos a Ramesh Chandiramani, presidente de la Comunidad Hindú de Ceuta y gerente de Nurishi Internacional. “Nuestros mayores clientes –expone- eran los soldados que realizaban el Servicio Militar en la ciudad. En aquella época había una población de militares muy importante”. En cuanto a los productos más demandados, Ramesh recuerda que “se vendían conjuntos de diferentes marcas, kimonos, desodorantes, combinaciones, perfumes, relojes, alfombras o cojines. Ya, más tarde, a mediados de la década de los sesenta comenzaron a venderse productos electrónicos”. Precisamente, esta fue una de las razones que motivaron el despegue del bazar en Ceuta. 


La posibilidad de adquirir las principales novedades del sector electrónico y a menor precio que en la península, suponía un gran reclamo al otro lado del Estrecho. Esta circunstancia, unida al ya importante número de personas que visitaban la ciudad con motivo de las Juras de Bandera que se celebraban en los diferentes acuartelamientos; provocó que Ceuta se convirtiera en un punto de referencia comercial. La comunidad hindú comenzaba a implantar un nuevo modelo de negocio: “Muchos de los hindúes que vivíamos en Ceuta –explica Ramesh Chandiramani- teníamos familiares en China, Japón o en otros países que eran pioneros en el mundo de la electrónica; por lo que nos iban informando de lo último que iba saliendo. Se potenció mucho la entrada de estos productos en Ceuta, Melilla y Canarias”. El hecho de ser zona franca permitió un comercio exclusivo en estas zonas, y con precios muy competitivos: “Los impuestos de importación –recuerda el presidente de la Comunidad Hindú de Ceuta- estaban próximos al 10%, mientras que en la península todos esos productos tenían unos aranceles aduaneros cercanos al 90%. Esto hizo que comenzaran a llegar muchos compradores. Se les llamaba cariñosamente ‘paraguayos’ o ‘maleteros’”. Ramesh Chandiramani considera que fue “una época dorada para Ceuta. Las calles estaban llenas de gente y se hacían colas para adquirir los productos que teníamos”. Por lo que supuso para Ceuta y su economía no duda en afirmar que “la echamos de menos”. Sony Vasdev, economista y miembro de la Asociación de Mujeres Empresarias también recuerda aquellas estampas tan habituales en la década de los setenta y ochenta, cuando las calles “estaban abarrotadas de compradores. En la zona de Los Remedios, cuando salía del colegio me tenía que bajar de las aceras porque no se cabía de la gente que había. Los que no lo han vivido, no se lo pueden imaginar”. 


Estrategia comercial 

Para Sony Vasdev aquel comercio del bazar suponía una estrategia empresarial muy avanzada para la época y que el sector del bazar fuera un modelo de negocio único: “Los hindúes tenían contactos en muchos lugares del mundo y funcionaban en red. Esas comunicaciones a nivel internacional que ahora son muy fáciles gracias a las nuevas tecnologías, en aquellos momentos eran muy complicadas; pero establecían contactos en países lejanos y podían acceder a productos que aquí no eran conocidos. El vender unos jerseys ingleses o una radio japonesa hizo que los hindúes de Ceuta fueran pioneros en un modelo de negocio único”. Esa estrategia empresarial permitió, según el presidente de la Comunidad Hindú de Ceuta, un “comercio original y exclusivo”. Y cuando habla de comercio no sólo se refiere únicamente al de las ventas, sino a las gestiones previas que originaban ese interés entre los clientes. Esa era la verdadera esencia de los bazares: “Ya en tienda, sólo había que vender; pero detrás había un trabajo importante de compra de esos productos. Nuestros proveedores nos tenían informados puntualmente de lo último que salía al mercado y nos hacían sus ofertas. Aquí lo que hacíamos era comprar esos productos en función del gusto de los clientes. Las ventas al detall era la imagen que se veía en la ciudad, pero detrás había una gran logística”. La demanda de productos, y por tanto las ventas, alcanzaron unas cotas tan altas que las grandes firmas prestaban mucha atención al sector del bazar en Ceuta: “Los proveedores –explica Ramesh Chandiramani- visitaban la ciudad y nosotros teníamos ocasión de viajar a muchos países. Nos iban informando sobre las tendencias en otros lugares como Estados Unidos, Inglaterra o Alemania. Esto hizo que fuéramos privilegiados porque productos que salían a nivel internacional llegaban el mismo día a Nueva York que a Ceuta”. Todo ello provocó que los bazares ceutíes “fuéramos muy competitivos, y no solamente en precios, sino también en cuanto a novedades”, matiza el presidente de la Comunidad Hindú. Sus palabras son corroboradas por Sony Vasdev, quien afirma que Ceuta era un “paraíso de las tecnologías”. “Había marcas –añade- que firmaban contratos de exclusividad con los hindúes, lo cual facilitaba la llegada de lo último. Muchos bazares eran distribuidores exclusivos de grandes firmas en Ceuta, Melilla y Canarias”. El crecimiento del sector del bazar en Ceuta fue patente, aumentando considerablemente el número de establecimientos dedicados a un mercado que estaba claramente en alza: “Se utilizaba cualquier superficie. Hasta un portal –comenta Sony Vasdev- servía para montar un negocio”. Evidentemente este boom tuvo repercusiones muy positivas para la economía de la ciudad. Entre ellas, la creación de puestos de trabajo: “Había unos doscientos bazares, y la media era de dos o tres trabajadores en cada uno de ellos. Y esto sólo de cara al público, porque esos bazares también tenían oficinas, almacenes, personal de administración o trabajadores para poder mover aquel volumen de negocio”, afirma Ramesh Chandiramani, quien –con cierta añoranza- reflexiona sobre lo que suponía para la ciudad aquella época en la que Ceuta era una zona caracterizada por su comercio: “Fue una época dorada, pero no solamente por lo económico, sino por lo que significaba para toda la ciudad. Generaba unos ingresos que se repartían mucho”. Muchos de aquellos empleados que comenzaron trabajando en un bazar, posteriormente crearon sus propios negocios. Para Suresh Dhanwani , el bazar fue una gran escuela: “Muchas personas que comenzaron a trabajar muy jóvenes desarrollaron su carrera profesional en el bazar”, aunque el presidente de la Asociación de Bazar resalta es la estrecha relación y confianza que, en muchos casos, solía existir entre el empresario y sus trabajadores: “Recuerdo a empleados y encargados que han estado trabajando con mi padre y que los considerábamos parte de nuestra familia. Algunos se independizaron y montaron sus propias empresas, pero mantenían esa relación fuera del bazar”.
Ramesh Chandiramani corrobora lo manifestado por el presidente de la Asociación del Bazar de Ceuta: “Mantenemos una gran amistad con personas que han estado vinculadas a nuestros negocios. Incluso, cuando fundaron sus propias empresas, eran nuestros competidores porque vendían el mismo producto; pero eso no significaba que no hubiera una relación casi familiar. Aún mantengo una relación de amistad con antiguos empleados que habían trabajado con mi padre e incluso que comenzaron a trabajar cuando se abrió el negocio en el año 1957”. Pepe Jiménez, antiguo trabajador de Óscar Internacional es un ejemplo claro de esa relación que, en muchas ocasiones, existía entre empleado y jefe, y que va más allá de lo profesional. Sus palabras lo dejan claro: “Aunque no pertenezco a la empresa desde año 1979, les tengo mucho cariño a la familia Dhanwani”. Esa amistad se forjaba a base de trabajo y confianza mutua, llegando a entrar en el plano personal: “En el año 1968 –cuenta Pepe Jiménez- yo tenía una casa muy bonita, pero por motivos de salud me tuve que mudar a otra vivienda. Necesitaba 475.000 pesetas, pero yo no disponía de ese dinero; por lo que fui al banco para coger la documentación necesaria para pedir un préstamo. Cuando llegué a la tienda, mis jefes rompieron los papeles y me dieron el dinero con la condición de que ya se lo pagaría. Después de un tiempo, cuando fui a pagar, no me cogieron el dinero”. Tras varios años en óscar Internacional, Pepe Jiménez abrió su propio negocio. Continuó en el sector del bazar. De aquella época de bonanza para el comercio ceutí, Pepe resalta la competencia que existía: “Era tremenda porque todo el mundo quería vender, por eso había que saber ganarse al comprador. Entonces había vendedores y ahora hay despachadores. El vendedor es el que convence al cliente y hace que se vaya satisfecho. Había que tratar al cliente con cariño”. 


Declive del bazar 

El sector del bazar experimentó un importante declive a finales de la década de los 90. Pero, ¿por qué se produjo?. Para Ramesh Chandiramani, fueron dos los motivos que provocaron el fin de aquel boom comercial que vivía la ciudad: “El principal, el desmantelamiento de los aranceles aduaneros en la península. Y después, la entrada de España en la Unión Europea. No fuimos lo suficientemente ágiles para que la ciudad se adaptara a esa nueva situación. Se decidió estar fuera de la Unión Aduanera porque en aquel momento pensábamos que sería conveniente, pero en todo este tiempo hemos visto que quizás ha sido una de las razones del declive”. Sony Vasdev coincide con el presidente de la Comunidad Hindú de Ceuta al afirmar que la “entrada en la Unión Europea hizo que Ceuta se quedara al margen”. Por su parte, Suresh Dhanwani asegura que “la globalización ha marcado el ciclo de los negocios”. Una serie de circunstancias que han provocado que Ceuta con el paso de los años deje de ser una ciudad competitiva: “La sustitución de unos aranceles aduaneros por un IVA único sobre la importación, hizo que en la península se empezara a importar masivamente productos que nosotros teníamos. Si a esto se le añade el gran incremento de los costes de viajar desde Algeciras a Ceuta y viceversa, surgen razones por las cuales la gente dejó de venir”. Juan Vivas, presidente de la Ciudad Autónoma, recuerda que “Ceuta era conocida en el resto de España como la ciudad de las compras”, aunque lamenta que “aquel ejemplo de bonanza comercial, por decisiones de marcado interés nacional, se viniera al traste”. No duda en afirmar que “en aquel momento no se establecieron las medidas adecuadas para compensar o al menos paliar las consecuencias que la caída del comercio tuvo para el empleo, en la actividad y en la Hacienda de la ciudad”. “No tuvimos –continúa- una plan de reconversión como lo tuvieron en el resto de España el sector de la minería, el naval o el metalúrgico. Aquí no se tuvo, y por ello se notó y se sufrió”.
Otro de los problemas al que se enfrenta el comercio ceutí es el elevado precio del transporte. La gran diferencia con respecto a la península, supone una considerable desventaja: “Es mucho más caro recibir mercancía en Ceuta que en Algeciras. El flete de un contenedor de Japón a Algeciras cuesta 1000$, y por cruzar el Estrecho otros 1000$. Es decir, un viaje de veinticinco días cuesta lo mismo que un viaje de tres horas”, lamenta Ramesh Chandiramani , quien a la hora de analizar la situación actual del sector del bazar en Ceuta considera que “con el paso de los años se ha ido transformando y ha pasado a ser un comercio muy especializado. Ahora hay muy pocos bazares que tengan de todo porque se han ido especializando en diferentes sectores”. Mucho más pesimista se muestra  Suresh Dhanwani, quien asegura que “los bazares que aún quedan, para mucha gente, supone un comercio que atrae muy poco y que ha perdido ese papel importante que tenía en el sector comercial ante la implantación de nuevos tipos de negocios o de las franquicias”.  Para Sony Vasdev, Ceuta ha pasado de ser “una ciudad comercial a una ciudad de servicios, o a pretenderlo, porque –afirma la economista ceutí- nos quieren vender que es una ciudad turística. Creo que ese cambio de modelo ha incidido muy negativamente en el comercio”.

Plan de reactivación del comercio

Tal y como demuestra un reciente estudio elaborado por la Secretaría de Estado de Comercio el comercio minorista es el principal motor del sector económico de Ceuta. Otra de las conclusiones del informe es que la incidencia del cliente peninsular es prácticamente nula. Esta situación ha provocado que desde la Ciudad Autónoma con el apoyo de la Cámara de Comercio y Confederación de Empresarios se ponga en marcha el denominado ‘Plan Estratégico de Reactivación del Comercio Local’. Entre las medidas incluidas, figura un cheque-regalo de veintidós euros que se va a ofrecer a los turistas para que puedan gastarlo en ocio y compras… De esos veintidós euros, dieciocho los asumirían las compañías navieras que se adhieran a la medida; dos, los empresarios y otros tantos la Ciudad Autónoma… Además, también se ha propuesto la elaboración de un catálogo de productos a los que se les aplicaría el gravamen mínimo de IPSI (0,5%) con la intención de que se conviertan en una serie de productos ‘gancho’ para el turista peninsular. 
Aquel boom del bazar ya es historia, pero ¿es posible que en un futuro se repitan imágenes como las de antaño y veamos las calles llenas de visitantes?. La respuesta es contundente por parte del Sony Vasdev: “Impensable”. “Queda sólo el recuerdo. El que llegue tanta gente de la península  llenando las calles y con ese afán de compras es imposible”, añade la economista ceutí, con quien coincide Ramesh Chandiramani al afirmar que “no creo que vuelva aquella situación”, aunque se muestra confiado en el futuro. Eso sí, asegura que hay que saber adaptarse a los nuevos tiempos y apostar por nuevos tipos de negocio: “Hoy en día el conocimiento de cualquier productos es a través de internet, por ello hay que entender que las nuevas tecnologías te dan nuevas oportunidades. Los primeros hindúes que montaron negocios en Ceuta pusieron en sus rótulos el nombre de bazar indio. Eso hizo cambiar algo que parecía impensable en Ceuta. Hay ser pioneros y estar atentos a qué y cómo se venden esos nuevos productos”.

Armada rusa

Desde hace apenas tres años es habitual que de forma esporádica arriben al puerto ceutí buques de la Armada rusa para realizar operaciones de avituallamiento. Durante su estancia, que suele ser de dos o tres días, la tripulación aprovecha para efectuar numerosos compras y consumir en los establecimientos hosteleros de la ciudad. Se ha convertido en una imagen habitual ver pasear por las calles ceutíes a los marineros vestidos de uniforme. Una imagen que –salvando las distancias- nos recuerda al pasado ceutí. Estas visitas suponen un impulso para la economía ceutí.


Entre los negocios que se ven beneficiados, algunos de los pocos bazares que aún permanecen abiertos. No es extraño ver en algunos escaparates de estos bazares un cartel en el que se indica que se admiten dólares o incluso un establecimiento cuyo rótulo está escrito en ruso y en castellano. Se trata de ‘Comercial Cosmos’, una pequeña tienda ubicada en el Paseo de las Palmeras (en su día una de las arterias comerciales de la ciudad) y aún conserva su identidad como bazar. Nada tienen que ver las visitas de la Armada Rusa con el rótulo del establecimiento. Pepe Aswani, propietario de ‘Comercial Cosmos’ reconoce que se entiende “muy bien” con los clientes rusos que llegan a su negocio, ya que “aprendí su idioma cuando estuve trabajando en Canarias”. Ya en Ceuta, y “viendo que muchos rusos llegaban  al ciudad para comprar, decidí poner el nombre del bazar en ruso”.

Ceuta era considerada una ciudad de compras. No se trataba de un slogan publicitario, sino de una realidad. El presente es muy diferente,  y aunque el sector comercial –especialmente el minorista- continúa teniendo un gran peso en la economía local, aquel boom del bazar es historia en una ciudad que aún guarda en el recuerdo aquellas imágenes de las calles llenas de visitantes en busca de productos a precios muy competitivos. Estampas que fueron cotidianas en su día y que ahora son añoradas. 

sábado, 21 de marzo de 2015

'LA HÍPICA': EL PRIMER CAMPO DE FÚTBOL DE CEUTA


El Campo de ‘La Hípica’ o también conocido como el de ‘La Puntilla’ fue el primer campo de fútbol con el que contó Ceuta. Al menos no existe documentación que certifique lo contrario. Nunca pudo ser catalogado como un estadio, puesto que los partidos se disputaban en una superficie anexa a las instalaciones de la hípica militar que también era utilizada como pista de entrenamiento para los jinetes, por lo que el terreno de juego solía estar en muy mal estado. Así permaneció varios años, hasta que en 1923 se efectuó una importante reforma que llevó consigo una considerable mejora de las instalaciones. Pese a todo, seguía sin reunir los mínimos exigidos para la disputa de partidos oficiales, por lo que en los años veinte y principios de la década de los treinta, la construcción de un estadio era la gran demanda del fútbol ceutí.
Según la web ‘hisfutceuta.awardspace.com’ es en el campo de ‘La Hípica’ donde se inicia la historia del fútbol en Ceuta, al comenzar a practicar este deporte “los soldados de reemplazo que llegaban a nuestra ciudad” que mientras conocían “su destino en la Guerra de África celebraban partidos amistosos entre diferentes regimientos y marineros de los buques que anclaban en la bahía”. Pese a ello -según datos extraídos de la web ‘la- futbolteca.com’- hasta finales de la década de los años diez del pasado siglo, no se fundó el primer club de fútbol en la historia de este deporte en Ceuta: el Cristina Sport.


Inauguración

La Sociedad Deportiva Hípica, propietaria de las instalaciones, llevó a cabo una destacada remodelación del campo de ‘La Hípica’. Las obras, financiadas por el estamento militar, incluían el vallado de la zona y la construcción de gradas -en un lateral del campo- con un aforo de 1.500 personas sentadas. Las dimensiones del terreno de juego fueron ampliadas a 105 metros de largo y 64 de ancho. Tras la reforma, el campo de ‘La Hípica’ fue inaugurado el 15 de octubre de 1923. Aquel día, y según publicaban rotativos como ‘ABC’, ‘La Voz’ o ‘La Correspondencia de España’, después de la bendición del terreno de juego por parte de un párroco castrense, se disputó un encuentro entre el Ceuta Sport y el María Cristina. En juego, una copa donada por la Federación de Fútbol, que se adjudicó el Ceuta Sport. Curiosamente, la prensa de la época informaba sobre la inauguración y la disputa del partido, pero no del resultado del mismo. Las diferentes crónicas tan sólo hacían referencia al triunfo del Ceuta Sport, aunque sí destacaban que el campo de Fútbol había sido “construido a expensas de la Real Sociedad Hípica, para uso de la Federación Deportiva Local”. Junto al Cultura Sport Ceutí, la Sociedad Deportiva María Cristina y el Ceuta Sport eran los equipos más destacados de aquellos tiempos. Apenas dos meses después de su inauguración, y según publicaba el diario ‘La Vanguardia’ en su edición del 5 de diciembre de 1923, el campo de ‘La Hípica’ acogía un partido amistoso con motivo de la conmemoración de la festividad de Santa Bárbara, patrona de Artillería. El encuentro enfrentó a una selección de jugadores ceutíes y a un equipo del regimiento de Artillería, venciendo los primeros por cinco goles a dos. 

Último partido

La insistente demanda de la afición ceutí de contar con un estadio se vio cumplida en el año 1933 con la inauguración del ‘Campo Municipal de Deporte’ -posteriormente nombrado ‘Alfonso Murube’-. Estas nuevas instalaciones deportivas supusieron el fin del campo de ‘La Hípica’. Según datos extraídos del reportaje titulado ‘La otra inauguración del Murube’ –publicado en la web ‘laverdaddeceuta.com’ y cuyo autor es el investigador Francisco Sánchez Montoya-, el último encuentro que se disputó en aquel viejo campo militar lo protagonizaron el Ceuta F.C. y el Cultura Sport, que se disputaron la denominada ‘Copa del Municipio’. El duelo finalizó con victoria del Cultura Sport. Según refleja el reportaje, el colegiado “tuvo que ser custodiado por la Guardia Civil, para poder salir del Campo y marcharse urgentemente a la estación de ferrocarril para coger el tren que le llevara a Tetuán de donde había venido”.
El Ceuta FC puso en liza el siguiente once inicial: Cernuda, San Juan, Chicada, Carros, Beltrán, Martín, Molina, Besares, Grau, Traverso y Cayetano. Por su parte, el Cultural Sport presentó la siguiente alineación: Gómez (Bacalao), Domingo, Manolísimo, Caliani, Fontcuberta, Barranco, Botella, Homet, Morales, Focher y Vila.
Una vez inaugurado el ‘Campo Municipal de Deporte’, el terreno de juego de ‘La Hípica’ quedó en desuso.  Años después, la empresa Ybarrola amplió sus instalaciones e implantó en esta zona varios depósitos de combustible. Actualmente, parte de lo que fue el antiguo campo de ‘La Hípica’ está ocupado por un centro comercial.