viernes, 8 de mayo de 2015

CEUTA Y EL BAZAR: AQUELLOS MARAVILLOSOS AÑOS


Muchos ceutíes aún recuerdan aquellas calles repletas de visitantes realizando sus compras en los numerosos bazares que poblaban, principalmente, el centro de la ciudad. La década de los 70, 80 e incluso –aunque ya experimentando el declive- parte de los años 90. Era la época de los bazares. El boom comercial que hacía que cientos y cientos de personas que, atraídos por los competitivos precios que ofrecían los bazares ceutíes, cruzaran diariamente el Estrecho de Gibraltar con destino a Ceuta. 
Al ser zona franca, había mucha diferencia con respecto a los precios peninsulares, pero también suponía un gran reclamo la variedad de los productos. En algunos casos, eran artículos exclusivos o la última novedad de las principales marcas. Ceuta también contaba con una población flotante: la de miles de jóvenes que realizaban el Servicio Militar en la ciudad; lo que a su vez motivaba la visita de cientos de familiares. Todo ello contribuía a una situación comercial muy diferente al actual, y que quedaba reflejada en la economía ceutí. En definitiva, una época próspera para Ceuta y su comercio; y añorada en la actualidad. 


Primeros bazares 

Según datos extraídos del libro ‘Corazones de la India, Almas en Ceuta’, obra de Juan Carlos Ramchandani; el primer Bazar indio –tal y como lo conocemos-estuvo ubicado en la calle Gómez Pulido, número 22 (lo que hoy es el Paseo del Revellín). El 3 de septiembre de 1900, el Ayuntamiento de Ceuta le concedía el permiso de apertura a la empresa Uddhavaas e Hijos. El comercio se denominaba Bazar Indio. Vendía artesanía de La India, artículos de plata, telas, etc… En 1917 –tal y como recoge el citado libro- en la Guía del Norte de África y Sur de España (publicada por Manuel L. Ortega) figuraba en la relación de comercios el epígrafe ‘objetos indios’. Aparecían un total de seis bazares. 

Recuerdos 

Suresh Dhanwani vivió en primera persona el boom comercial de Ceuta. Gran conocedor del sector empresarial, actualmente preside la Asociación del Bazar de Ceuta. Siendo muy joven comenzó a trabajar en la empresa familiar, una de las más importantes de aquella época en la ciudad: “Recuerdo que estaba estudiando en Madrid y me llamó mi padre. Me dijo que le hacía falta un representante y necesitaba que me viniera. Al día siguiente de llegar a Ceuta me dio una maleta, me dijo que había doscientos bazares y que si era capaz de cubrir la demanda”. De este modo se iniciaba en el mundo del bazar. Una experiencia que califica como “muy bonita”. “No me daba tiempo –rememora- a visitar todos los establecimientos el mismo día y tenía que hacerlo por fases. En aquellos tiempos se vendían relojes de marcas como Casio o Citizen; quesos, paraguas, radiocasetes. La gente vendía hasta en los portales”. Suresh no duda en afirmar que aquella época fue “esplendorosa y muy importante” para la economía de Ceuta porque “mucha gente dependía del sector de los bazares”. Todo ello –afirma- supuso un “enriquecimiento para la ciudad”. Aquellos prolíficos años del bazar en Ceuta también le evoca gratos recuerdos a Ramesh Chandiramani, presidente de la Comunidad Hindú de Ceuta y gerente de Nurishi Internacional. “Nuestros mayores clientes –expone- eran los soldados que realizaban el Servicio Militar en la ciudad. En aquella época había una población de militares muy importante”. En cuanto a los productos más demandados, Ramesh recuerda que “se vendían conjuntos de diferentes marcas, kimonos, desodorantes, combinaciones, perfumes, relojes, alfombras o cojines. Ya, más tarde, a mediados de la década de los sesenta comenzaron a venderse productos electrónicos”. Precisamente, esta fue una de las razones que motivaron el despegue del bazar en Ceuta. 


La posibilidad de adquirir las principales novedades del sector electrónico y a menor precio que en la península, suponía un gran reclamo al otro lado del Estrecho. Esta circunstancia, unida al ya importante número de personas que visitaban la ciudad con motivo de las Juras de Bandera que se celebraban en los diferentes acuartelamientos; provocó que Ceuta se convirtiera en un punto de referencia comercial. La comunidad hindú comenzaba a implantar un nuevo modelo de negocio: “Muchos de los hindúes que vivíamos en Ceuta –explica Ramesh Chandiramani- teníamos familiares en China, Japón o en otros países que eran pioneros en el mundo de la electrónica; por lo que nos iban informando de lo último que iba saliendo. Se potenció mucho la entrada de estos productos en Ceuta, Melilla y Canarias”. El hecho de ser zona franca permitió un comercio exclusivo en estas zonas, y con precios muy competitivos: “Los impuestos de importación –recuerda el presidente de la Comunidad Hindú de Ceuta- estaban próximos al 10%, mientras que en la península todos esos productos tenían unos aranceles aduaneros cercanos al 90%. Esto hizo que comenzaran a llegar muchos compradores. Se les llamaba cariñosamente ‘paraguayos’ o ‘maleteros’”. Ramesh Chandiramani considera que fue “una época dorada para Ceuta. Las calles estaban llenas de gente y se hacían colas para adquirir los productos que teníamos”. Por lo que supuso para Ceuta y su economía no duda en afirmar que “la echamos de menos”. Sony Vasdev, economista y miembro de la Asociación de Mujeres Empresarias también recuerda aquellas estampas tan habituales en la década de los setenta y ochenta, cuando las calles “estaban abarrotadas de compradores. En la zona de Los Remedios, cuando salía del colegio me tenía que bajar de las aceras porque no se cabía de la gente que había. Los que no lo han vivido, no se lo pueden imaginar”. 


Estrategia comercial 

Para Sony Vasdev aquel comercio del bazar suponía una estrategia empresarial muy avanzada para la época y que el sector del bazar fuera un modelo de negocio único: “Los hindúes tenían contactos en muchos lugares del mundo y funcionaban en red. Esas comunicaciones a nivel internacional que ahora son muy fáciles gracias a las nuevas tecnologías, en aquellos momentos eran muy complicadas; pero establecían contactos en países lejanos y podían acceder a productos que aquí no eran conocidos. El vender unos jerseys ingleses o una radio japonesa hizo que los hindúes de Ceuta fueran pioneros en un modelo de negocio único”. Esa estrategia empresarial permitió, según el presidente de la Comunidad Hindú de Ceuta, un “comercio original y exclusivo”. Y cuando habla de comercio no sólo se refiere únicamente al de las ventas, sino a las gestiones previas que originaban ese interés entre los clientes. Esa era la verdadera esencia de los bazares: “Ya en tienda, sólo había que vender; pero detrás había un trabajo importante de compra de esos productos. Nuestros proveedores nos tenían informados puntualmente de lo último que salía al mercado y nos hacían sus ofertas. Aquí lo que hacíamos era comprar esos productos en función del gusto de los clientes. Las ventas al detall era la imagen que se veía en la ciudad, pero detrás había una gran logística”. La demanda de productos, y por tanto las ventas, alcanzaron unas cotas tan altas que las grandes firmas prestaban mucha atención al sector del bazar en Ceuta: “Los proveedores –explica Ramesh Chandiramani- visitaban la ciudad y nosotros teníamos ocasión de viajar a muchos países. Nos iban informando sobre las tendencias en otros lugares como Estados Unidos, Inglaterra o Alemania. Esto hizo que fuéramos privilegiados porque productos que salían a nivel internacional llegaban el mismo día a Nueva York que a Ceuta”. Todo ello provocó que los bazares ceutíes “fuéramos muy competitivos, y no solamente en precios, sino también en cuanto a novedades”, matiza el presidente de la Comunidad Hindú. Sus palabras son corroboradas por Sony Vasdev, quien afirma que Ceuta era un “paraíso de las tecnologías”. “Había marcas –añade- que firmaban contratos de exclusividad con los hindúes, lo cual facilitaba la llegada de lo último. Muchos bazares eran distribuidores exclusivos de grandes firmas en Ceuta, Melilla y Canarias”. El crecimiento del sector del bazar en Ceuta fue patente, aumentando considerablemente el número de establecimientos dedicados a un mercado que estaba claramente en alza: “Se utilizaba cualquier superficie. Hasta un portal –comenta Sony Vasdev- servía para montar un negocio”. Evidentemente este boom tuvo repercusiones muy positivas para la economía de la ciudad. Entre ellas, la creación de puestos de trabajo: “Había unos doscientos bazares, y la media era de dos o tres trabajadores en cada uno de ellos. Y esto sólo de cara al público, porque esos bazares también tenían oficinas, almacenes, personal de administración o trabajadores para poder mover aquel volumen de negocio”, afirma Ramesh Chandiramani, quien –con cierta añoranza- reflexiona sobre lo que suponía para la ciudad aquella época en la que Ceuta era una zona caracterizada por su comercio: “Fue una época dorada, pero no solamente por lo económico, sino por lo que significaba para toda la ciudad. Generaba unos ingresos que se repartían mucho”. Muchos de aquellos empleados que comenzaron trabajando en un bazar, posteriormente crearon sus propios negocios. Para Suresh Dhanwani , el bazar fue una gran escuela: “Muchas personas que comenzaron a trabajar muy jóvenes desarrollaron su carrera profesional en el bazar”, aunque el presidente de la Asociación de Bazar resalta es la estrecha relación y confianza que, en muchos casos, solía existir entre el empresario y sus trabajadores: “Recuerdo a empleados y encargados que han estado trabajando con mi padre y que los considerábamos parte de nuestra familia. Algunos se independizaron y montaron sus propias empresas, pero mantenían esa relación fuera del bazar”.
Ramesh Chandiramani corrobora lo manifestado por el presidente de la Asociación del Bazar de Ceuta: “Mantenemos una gran amistad con personas que han estado vinculadas a nuestros negocios. Incluso, cuando fundaron sus propias empresas, eran nuestros competidores porque vendían el mismo producto; pero eso no significaba que no hubiera una relación casi familiar. Aún mantengo una relación de amistad con antiguos empleados que habían trabajado con mi padre e incluso que comenzaron a trabajar cuando se abrió el negocio en el año 1957”. Pepe Jiménez, antiguo trabajador de Óscar Internacional es un ejemplo claro de esa relación que, en muchas ocasiones, existía entre empleado y jefe, y que va más allá de lo profesional. Sus palabras lo dejan claro: “Aunque no pertenezco a la empresa desde año 1979, les tengo mucho cariño a la familia Dhanwani”. Esa amistad se forjaba a base de trabajo y confianza mutua, llegando a entrar en el plano personal: “En el año 1968 –cuenta Pepe Jiménez- yo tenía una casa muy bonita, pero por motivos de salud me tuve que mudar a otra vivienda. Necesitaba 475.000 pesetas, pero yo no disponía de ese dinero; por lo que fui al banco para coger la documentación necesaria para pedir un préstamo. Cuando llegué a la tienda, mis jefes rompieron los papeles y me dieron el dinero con la condición de que ya se lo pagaría. Después de un tiempo, cuando fui a pagar, no me cogieron el dinero”. Tras varios años en óscar Internacional, Pepe Jiménez abrió su propio negocio. Continuó en el sector del bazar. De aquella época de bonanza para el comercio ceutí, Pepe resalta la competencia que existía: “Era tremenda porque todo el mundo quería vender, por eso había que saber ganarse al comprador. Entonces había vendedores y ahora hay despachadores. El vendedor es el que convence al cliente y hace que se vaya satisfecho. Había que tratar al cliente con cariño”. 


Declive del bazar 

El sector del bazar experimentó un importante declive a finales de la década de los 90. Pero, ¿por qué se produjo?. Para Ramesh Chandiramani, fueron dos los motivos que provocaron el fin de aquel boom comercial que vivía la ciudad: “El principal, el desmantelamiento de los aranceles aduaneros en la península. Y después, la entrada de España en la Unión Europea. No fuimos lo suficientemente ágiles para que la ciudad se adaptara a esa nueva situación. Se decidió estar fuera de la Unión Aduanera porque en aquel momento pensábamos que sería conveniente, pero en todo este tiempo hemos visto que quizás ha sido una de las razones del declive”. Sony Vasdev coincide con el presidente de la Comunidad Hindú de Ceuta al afirmar que la “entrada en la Unión Europea hizo que Ceuta se quedara al margen”. Por su parte, Suresh Dhanwani asegura que “la globalización ha marcado el ciclo de los negocios”. Una serie de circunstancias que han provocado que Ceuta con el paso de los años deje de ser una ciudad competitiva: “La sustitución de unos aranceles aduaneros por un IVA único sobre la importación, hizo que en la península se empezara a importar masivamente productos que nosotros teníamos. Si a esto se le añade el gran incremento de los costes de viajar desde Algeciras a Ceuta y viceversa, surgen razones por las cuales la gente dejó de venir”. Juan Vivas, presidente de la Ciudad Autónoma, recuerda que “Ceuta era conocida en el resto de España como la ciudad de las compras”, aunque lamenta que “aquel ejemplo de bonanza comercial, por decisiones de marcado interés nacional, se viniera al traste”. No duda en afirmar que “en aquel momento no se establecieron las medidas adecuadas para compensar o al menos paliar las consecuencias que la caída del comercio tuvo para el empleo, en la actividad y en la Hacienda de la ciudad”. “No tuvimos –continúa- una plan de reconversión como lo tuvieron en el resto de España el sector de la minería, el naval o el metalúrgico. Aquí no se tuvo, y por ello se notó y se sufrió”.
Otro de los problemas al que se enfrenta el comercio ceutí es el elevado precio del transporte. La gran diferencia con respecto a la península, supone una considerable desventaja: “Es mucho más caro recibir mercancía en Ceuta que en Algeciras. El flete de un contenedor de Japón a Algeciras cuesta 1000$, y por cruzar el Estrecho otros 1000$. Es decir, un viaje de veinticinco días cuesta lo mismo que un viaje de tres horas”, lamenta Ramesh Chandiramani , quien a la hora de analizar la situación actual del sector del bazar en Ceuta considera que “con el paso de los años se ha ido transformando y ha pasado a ser un comercio muy especializado. Ahora hay muy pocos bazares que tengan de todo porque se han ido especializando en diferentes sectores”. Mucho más pesimista se muestra  Suresh Dhanwani, quien asegura que “los bazares que aún quedan, para mucha gente, supone un comercio que atrae muy poco y que ha perdido ese papel importante que tenía en el sector comercial ante la implantación de nuevos tipos de negocios o de las franquicias”.  Para Sony Vasdev, Ceuta ha pasado de ser “una ciudad comercial a una ciudad de servicios, o a pretenderlo, porque –afirma la economista ceutí- nos quieren vender que es una ciudad turística. Creo que ese cambio de modelo ha incidido muy negativamente en el comercio”.

Plan de reactivación del comercio

Tal y como demuestra un reciente estudio elaborado por la Secretaría de Estado de Comercio el comercio minorista es el principal motor del sector económico de Ceuta. Otra de las conclusiones del informe es que la incidencia del cliente peninsular es prácticamente nula. Esta situación ha provocado que desde la Ciudad Autónoma con el apoyo de la Cámara de Comercio y Confederación de Empresarios se ponga en marcha el denominado ‘Plan Estratégico de Reactivación del Comercio Local’. Entre las medidas incluidas, figura un cheque-regalo de veintidós euros que se va a ofrecer a los turistas para que puedan gastarlo en ocio y compras… De esos veintidós euros, dieciocho los asumirían las compañías navieras que se adhieran a la medida; dos, los empresarios y otros tantos la Ciudad Autónoma… Además, también se ha propuesto la elaboración de un catálogo de productos a los que se les aplicaría el gravamen mínimo de IPSI (0,5%) con la intención de que se conviertan en una serie de productos ‘gancho’ para el turista peninsular. 
Aquel boom del bazar ya es historia, pero ¿es posible que en un futuro se repitan imágenes como las de antaño y veamos las calles llenas de visitantes?. La respuesta es contundente por parte del Sony Vasdev: “Impensable”. “Queda sólo el recuerdo. El que llegue tanta gente de la península  llenando las calles y con ese afán de compras es imposible”, añade la economista ceutí, con quien coincide Ramesh Chandiramani al afirmar que “no creo que vuelva aquella situación”, aunque se muestra confiado en el futuro. Eso sí, asegura que hay que saber adaptarse a los nuevos tiempos y apostar por nuevos tipos de negocio: “Hoy en día el conocimiento de cualquier productos es a través de internet, por ello hay que entender que las nuevas tecnologías te dan nuevas oportunidades. Los primeros hindúes que montaron negocios en Ceuta pusieron en sus rótulos el nombre de bazar indio. Eso hizo cambiar algo que parecía impensable en Ceuta. Hay ser pioneros y estar atentos a qué y cómo se venden esos nuevos productos”.

Armada rusa

Desde hace apenas tres años es habitual que de forma esporádica arriben al puerto ceutí buques de la Armada rusa para realizar operaciones de avituallamiento. Durante su estancia, que suele ser de dos o tres días, la tripulación aprovecha para efectuar numerosos compras y consumir en los establecimientos hosteleros de la ciudad. Se ha convertido en una imagen habitual ver pasear por las calles ceutíes a los marineros vestidos de uniforme. Una imagen que –salvando las distancias- nos recuerda al pasado ceutí. Estas visitas suponen un impulso para la economía ceutí.


Entre los negocios que se ven beneficiados, algunos de los pocos bazares que aún permanecen abiertos. No es extraño ver en algunos escaparates de estos bazares un cartel en el que se indica que se admiten dólares o incluso un establecimiento cuyo rótulo está escrito en ruso y en castellano. Se trata de ‘Comercial Cosmos’, una pequeña tienda ubicada en el Paseo de las Palmeras (en su día una de las arterias comerciales de la ciudad) y aún conserva su identidad como bazar. Nada tienen que ver las visitas de la Armada Rusa con el rótulo del establecimiento. Pepe Aswani, propietario de ‘Comercial Cosmos’ reconoce que se entiende “muy bien” con los clientes rusos que llegan a su negocio, ya que “aprendí su idioma cuando estuve trabajando en Canarias”. Ya en Ceuta, y “viendo que muchos rusos llegaban  al ciudad para comprar, decidí poner el nombre del bazar en ruso”.

Ceuta era considerada una ciudad de compras. No se trataba de un slogan publicitario, sino de una realidad. El presente es muy diferente,  y aunque el sector comercial –especialmente el minorista- continúa teniendo un gran peso en la economía local, aquel boom del bazar es historia en una ciudad que aún guarda en el recuerdo aquellas imágenes de las calles llenas de visitantes en busca de productos a precios muy competitivos. Estampas que fueron cotidianas en su día y que ahora son añoradas. 

sábado, 21 de marzo de 2015

'LA HÍPICA': EL PRIMER CAMPO DE FÚTBOL DE CEUTA


El Campo de ‘La Hípica’ o también conocido como el de ‘La Puntilla’ fue el primer campo de fútbol con el que contó Ceuta. Al menos no existe documentación que certifique lo contrario. Nunca pudo ser catalogado como un estadio, puesto que los partidos se disputaban en una superficie anexa a las instalaciones de la hípica militar que también era utilizada como pista de entrenamiento para los jinetes, por lo que el terreno de juego solía estar en muy mal estado. Así permaneció varios años, hasta que en 1923 se efectuó una importante reforma que llevó consigo una considerable mejora de las instalaciones. Pese a todo, seguía sin reunir los mínimos exigidos para la disputa de partidos oficiales, por lo que en los años veinte y principios de la década de los treinta, la construcción de un estadio era la gran demanda del fútbol ceutí.
Según la web ‘hisfutceuta.awardspace.com’ es en el campo de ‘La Hípica’ donde se inicia la historia del fútbol en Ceuta, al comenzar a practicar este deporte “los soldados de reemplazo que llegaban a nuestra ciudad” que mientras conocían “su destino en la Guerra de África celebraban partidos amistosos entre diferentes regimientos y marineros de los buques que anclaban en la bahía”. Pese a ello -según datos extraídos de la web ‘la- futbolteca.com’- hasta finales de la década de los años diez del pasado siglo, no se fundó el primer club de fútbol en la historia de este deporte en Ceuta: el Cristina Sport.


Inauguración

La Sociedad Deportiva Hípica, propietaria de las instalaciones, llevó a cabo una destacada remodelación del campo de ‘La Hípica’. Las obras, financiadas por el estamento militar, incluían el vallado de la zona y la construcción de gradas -en un lateral del campo- con un aforo de 1.500 personas sentadas. Las dimensiones del terreno de juego fueron ampliadas a 105 metros de largo y 64 de ancho. Tras la reforma, el campo de ‘La Hípica’ fue inaugurado el 15 de octubre de 1923. Aquel día, y según publicaban rotativos como ‘ABC’, ‘La Voz’ o ‘La Correspondencia de España’, después de la bendición del terreno de juego por parte de un párroco castrense, se disputó un encuentro entre el Ceuta Sport y el María Cristina. En juego, una copa donada por la Federación de Fútbol, que se adjudicó el Ceuta Sport. Curiosamente, la prensa de la época informaba sobre la inauguración y la disputa del partido, pero no del resultado del mismo. Las diferentes crónicas tan sólo hacían referencia al triunfo del Ceuta Sport, aunque sí destacaban que el campo de Fútbol había sido “construido a expensas de la Real Sociedad Hípica, para uso de la Federación Deportiva Local”. Junto al Cultura Sport Ceutí, la Sociedad Deportiva María Cristina y el Ceuta Sport eran los equipos más destacados de aquellos tiempos. Apenas dos meses después de su inauguración, y según publicaba el diario ‘La Vanguardia’ en su edición del 5 de diciembre de 1923, el campo de ‘La Hípica’ acogía un partido amistoso con motivo de la conmemoración de la festividad de Santa Bárbara, patrona de Artillería. El encuentro enfrentó a una selección de jugadores ceutíes y a un equipo del regimiento de Artillería, venciendo los primeros por cinco goles a dos. 

Último partido

La insistente demanda de la afición ceutí de contar con un estadio se vio cumplida en el año 1933 con la inauguración del ‘Campo Municipal de Deporte’ -posteriormente nombrado ‘Alfonso Murube’-. Estas nuevas instalaciones deportivas supusieron el fin del campo de ‘La Hípica’. Según datos extraídos del reportaje titulado ‘La otra inauguración del Murube’ –publicado en la web ‘laverdaddeceuta.com’ y cuyo autor es el investigador Francisco Sánchez Montoya-, el último encuentro que se disputó en aquel viejo campo militar lo protagonizaron el Ceuta F.C. y el Cultura Sport, que se disputaron la denominada ‘Copa del Municipio’. El duelo finalizó con victoria del Cultura Sport. Según refleja el reportaje, el colegiado “tuvo que ser custodiado por la Guardia Civil, para poder salir del Campo y marcharse urgentemente a la estación de ferrocarril para coger el tren que le llevara a Tetuán de donde había venido”.
El Ceuta FC puso en liza el siguiente once inicial: Cernuda, San Juan, Chicada, Carros, Beltrán, Martín, Molina, Besares, Grau, Traverso y Cayetano. Por su parte, el Cultural Sport presentó la siguiente alineación: Gómez (Bacalao), Domingo, Manolísimo, Caliani, Fontcuberta, Barranco, Botella, Homet, Morales, Focher y Vila.
Una vez inaugurado el ‘Campo Municipal de Deporte’, el terreno de juego de ‘La Hípica’ quedó en desuso.  Años después, la empresa Ybarrola amplió sus instalaciones e implantó en esta zona varios depósitos de combustible. Actualmente, parte de lo que fue el antiguo campo de ‘La Hípica’ está ocupado por un centro comercial.

sábado, 17 de enero de 2015

EL ‘PEQUEÑO NICOLÁS’ DEL SIGLO XVIII, EN CEUTA

El manuscrito ‘Historia de la mui noble y fidelíssima ciudad de Ceuta’ de Alejandro Correa de Franca es una de las principales fuentes de información del pasado de Ceuta.  Redactado en el siglo XVIII, el original se conserva en la Biblioteca Nacional; aunque la Consejería de Educación y Cultura editó en el año 1999 un libro transcribiendo las vivencias recogidas por el historiador Alejandro Correa da Franca en ese manuscrito que entregó a su sobrino Melchor Correa da Franca. En el mismo, el autor narra algunos acontecimientos de la época. Entre esas numerosas historias, figura una que –salvando las distancias- guarda ciertas similitudes con las protagonizadas por Francisco Nicolás Jiménez, popularmente conocido como el ‘pequeño Nicolás’.
En mayo de 1749 fue desterrado a Ceuta un joven italiano, que meses antes había sido detenido tras hacerse pasar por el heredero del ducado de Módena. Fue recluso en una prisión de Sevilla, aunque de forma incomprensible gozaba de algunos privilegios.
En su destierro a Ceuta fue enviado al convento de San Francisco, y al igual que ocurriera en la capital hispalense, se le otorgó cierta inmunidad. El historiador Alejandro Correa da Franca hacía referencia en el manuscrito a que el joven -22 años- gastaba en “limosnas, galanterías y en su lucimiento como si tuviera grandes rentas”.
Las autoridades de la época mantuvieron en secreto su llegada, pero su presencia no pasó desapercibida, por lo que comenzó a circular un rumor en la ciudad: había llegado una persona ligada a la realeza.
El joven mantenía un nivel de vida alto. En los documentos –narra Alejandro Correa da Franca- firmaba como Hércules de Este Orleans, y se presentaba ante los ciudadanos como hijo primogénito del duque de Módena. Aseguraba estar casado con la princesa heredera, la duquesa de Massa. Su supuesta realeza le abrió muchas puertas, y algunos comerciantes de la ciudad le ofrecían créditos.


Su falsa personalidad fue descubierta por casualidad en agosto de 1749. ‘La Gaceta’, un rotativo de la época, publicaba una noticia en la que informaba sobre un viaje que el duque de Módena había realizado a la ciudad de Sasuolo acompañado de su hijo primogénito y de las princesas. El 31 de octubre de ese mismo año, ‘La Gaceta’ hacía referencia al embarazo de la duquesa de Massa. Estaba claro que el supuesto príncipe no era quien decía ser, dejando en evidencia –afirma el historiador- “a los codiciosos que le habían franqueado su caudales y a otros en la duda de la certidumbre de su principado”. Precisamente, un poeta de la época –con bastante ironía- dejaba constancia de las consecuencias del engaño del falso príncipe a través de esta poesía recogida en el manuscrito:

“Cavalleros principales
los que al príncipe fiais
decidme cómo hos halláis
con sus ausencias reales,
infelices animales.
Hechos de vn centro de dudas
de qué sirben las ayudas
que Monsieur Latur ha dado
si ha vendido y engañado
al comercio como Iudas […]”

[…] “Chaque, Daza, Ábila y Pérez (mercaderes)
al príncipe recatado
Liberales han fiado
el todo de sus haueres.
Y aora como mugeres
lloran, que pagar no quiso.
Este castigo preciso
es bien que Dios hos lo mande
y si acaso hos viene grande
Darle a Sagalas y a Viso (sastres)”
  

A principios de 1750 corrió el rumor que pretendía huir a la península. Meses después, el falso duque italiano burló la vigilancia de un buque con bandera de Dinamarca, que partió rumbo a Gibraltar, cuyo Gobernador al tener conocimiento de la presencia a bordo del joven, negó su desembarco en el puerto gibraltareño. Finalmente, y según recogía en su crónica Alejandro Correa da Franca emprendió viaje a Génova y posteriormente a Roma. 

sábado, 20 de diciembre de 2014

‘CASINO’ DE VILLAJOVITA: LO QUE EL TIEMPO SE LLEVÓ

Muchos vecinos y antiguos residentes de esta emblemática barriada aún recuerdan con cariño -y cierta añoranza- el antiguo Centro Parroquial, Recreativo y Cultural; conocido popularmente como ‘Casino de Villajovita’. Desde su fundación y hasta  su desaparición en la década de los 90, estuvo ubicado en pleno corazón de la barriada, en lo que años antes fue el cine ‘Rex’. Durante décadas sirvió de punto de encuentro de vecinos y socios, y acogió numerosos eventos culturales, deportivos o sociales. 
Promovido por un grupo de personas, vecinos de la barriada que demandaban un lugar de ocio, en el año 1963 se creaba el Centro Parroquial, Recreativo y Cultural.

El término ‘parroquial’ se incluyó por la implicación de la parroquia San Juan de Dios, especialmente del padre Francisco Almandoz, quien tenía alquilado las instalaciones del antigua cine, cediéndolas para la fundación del ‘Casino de Villajovita’. Poco tiempo después, desapareció la denominación de parroquial. Andrés Gómez, antiguo directivo y persona muy vinculada al centro, recuerda que la idea de crear el centro cultural parte de “diferentes vecinos que solían reunirse en el Bar ‘Toribio’, posteriormente Bar ‘Lesmes’, para echar sus partidas de cartas o dominó. Realizaron diferentes gestiones para ubicar el casino en antiguo cine Rex”.
Entre sus fundadores, y según datos extraídos del libro ‘Crónicas de Villajovita’, escrito por Miguel Ángel López Moreno;  figuran José Acosta, José Pendás, José Varea, Manuel Sentís, Alfonso Espinosa ‘el guardia’ o Ramón Galindo. 
El 12 de octubre de 1963 abría sus puertas el ‘casino’, aunque previamente se había realizado una serie de reformas en el local, adecuándolo a la idea con la que se ponía en marcha. “Cuando el viejo Rex quedó en manos de los socios fundadores  –recoge el libro ‘Crónicas de Villajovita’- el ilustre maestro don José Acosta Larios utilizó la pequeña cabina del proyector de películas para dar algunas clases particulares; debajo de la cabina se montó un ambigú, en el patio de butacas se colocaron sillas y mesas; en la plataforma de la pantalla se habilitó un escenario y se colocó un televisor”.
Poco después,  el Centro Recreativo y Cultural comenzó a conocerse popularmente como ‘casino’. ¿Por qué esa denominación? A juicio de Andrés Gómez porque “reunía las características de un casino”, aunque matiza que “el centro no se circunscribía únicamente al juego. Se dotó al local de una gran una biblioteca; comenzaron a organizarse múltiples actividades y se creó un grupo de teatro, formado generalmente por vecinos”.
A lo largo de su historia, el ‘casino’ ha contado con varios presidentes. José Pendás fue el primero en ostentar el cargo. Desde el inicio, tanto él como los integrantes de su junta directiva mostraron mucho entusiasmo en el proyecto, traduciéndose esa ilusión en una gran gestión que atrajo a más de un centenar de vecinos. Tras José Pendás, también ejercieron de presidentes, entre otros, José Acosta, Gregorio Basurco, Manuel Ramírez, Alfredo Ronda, Juan Checa o Julio Rodríguez.

Televisor

La adquisición de un televisor supuso un gran acontecimiento para los vecinos puesto que en esa época, según Andrés Fernández tan sólo había dos en toda la barriada: “Uno estaba en el centro, y otro lo tenía un vecino llamado Asensio Guerrero, que solía cobrar una peseta o peseta y media por ver los partidos de fútbol en su casa”. En la década de los sesenta, en el televisor del ‘casino’ los socios presenciaron corridas de toros, programas míticos o partidos de fútbol, tal y como refleja Miguel Ángel López en ‘Crónicas de Villajovita’: “La vieja pantalla del cine se convirtió en escenario, y sobre él, en lugar preferente, colocaron un televisor de buenas dimensiones. En esa tele, auténtica ventana a la historia, vimos discurrir parte de la década. La selección española de fútbol sufrió una dolorosa derrota frente a Argentina por dos a uno, y quedamos eliminados del Mundial de Inglaterra. Era el 1966 y entre otros estaban históricos como Gento, Amancio, Zoco, pero sobre todos, jugaba nuestro ídolo indiscutible: Pirri. […] En ese televisor del Casino vimos la ascensión y gloria de toreros como el Cordobés y Platanito, que no paraba de recibir revolcones bajo la voz inconfundible de Matías Prats”.”
El televisor se convirtió en un gran reclamo, pero sobre todo en un gran aliciente para los vecinos, provocando que el ‘casino’ “se viera invadido de solicitudes”. La demanda por parte de los vecinos solicitando ser socios fue una tónica constante en la historia del Centro Cultural y Recreativo de Villajovita: “Debido a la capacidad se tuvo que establecer un cupo máximo de trescientos socios. A finales de los 60 y principios de los 70 –rememora Andrés Gómez- siempre estaba la pizarra llena de solicitudes. Además para ser aceptado debía contar con el aval de dos socios. Generalmente sólo podían acceder vecinos de la barriada, pero existía cierta flexibilidad con personas que vivían en zonas cercanas como Benítez, Sardinero o Barrio de las Latas”.

Teatro

El teatro fue una de las actividades estrella del ya desparecido ‘casino de Villajovita’. Se potenció el arte dramático con la creación de un grupo teatral formado por vecinos de la barriada, y fueron numerosas las obras que se pusieron en escena en la década de los 60 y 70. Todas ellas fueron representadas sobre el escenario del Centro Recreativo y Cultural, despertando gran interés entre los socios. Entre el elenco de actores, Pepi y Gregorio Basurco; Alfonso Espinosa (el guardia), Carlos Luna, Mari Lesmes o Miguel (el de la tienda) entre otros muchos nombres. Así refleja Miguel Ángel López en ‘Crónicas de Villajovita’ la importancia que tuvo el teatro en la historia del casino: “A principios de los 60, la tradición dramática en Villajovita era vieja. En el escenario del viejo Cine Rex ya se habían representado algunas obras de teatro con un plantel de actores y colaboradores que surgía del propio vecindario. Por eso, cuando se fundó el Casino, el 12 de octubre de 1963, la tradición teatral se vertebró como una de las actividades fundamentales que apoyaron las distintas directivas. Alfonso el guardia, uno de los socios fundadores, solía ser el abanderado y director de los asuntos teatrales del Casino. […] Los actores y colaboradores en estas tareas, todos con una notable afición, eran los propios vecinos del barrio. Trabajos que organizaban y gestionaban ellos mismos por puro amor al arte, nunca mejor dicho. Los Basurco, tía y sobrino –doña Pepita y Gregorio- fueron de los más apasionados y, de una forma u otra siempre estuvieron implicados en las representaciones que se preparaban”.

Actividades

Las fiestas populares como carnaval o navidad se vivían de forma especial en el ‘casino’, aunque a lo largo del año también se organizaban numerosas actividades. Bailes para mayores y pequeños, fiestas infantiles, escalas en hi-fi y un largo etcétera conformaban la programación anual del Centro Recreativo y Cultural. Cuando llegaba el período navideño se preparaban diferentes iniciativas, entre ellas, el baile de Año Nuevo o la cabalgata de Reyes que recorría toda la barriada. “Teníamos nuestra propia cabalgata. Hacíamos gestiones –rememora Andrés Gómez- para que el Ejército nos cedieran caballos y una banda de tambores y cornetas que desfilaba por las calles. Se preparaba una amplia programación, con muchas actividades que tenían un sentido lúdico”. El 6 de enero, los más pequeños recibían regalos de manos de los Reyes Magos. “En el escenario se instalaba una pequeña tómbola”, recuerda Andrés Gómez, quien también destaca la afición que existía por el ajedrez. Se impartían clases a los más pequeños e incluso el ajedrecista Arturo Pomar, gran maestro internacional y varias veces campeón de España, visitó el ‘casino’: “Fue un gran acontecimiento –explica Gómez- porque en ese momento era muy popular. Participó en varias partidas con los niños y con algunos socios”. También Miguel López en ‘Crónicas de Villajovita’ subraya esa afición ajedrecística que se vivía en el centro: “En la órbita del Casino hubo ajedrecistas tan buenos que llegaron a alcanzar un nivel reconocido oficialmente. Entre los mayores estaban don José Acosta Larios y Antonio el pichi, incluso Miguel Martín, que fue presidente de la Federación de Ajedrez de Ceuta. Pepito Carracao enseñó ajedrez a los pequeño como Javier Mosteyrín, que llegó a alcanzar un notable nivel, y a Antoñito Porras”. La sede social del ‘casino’ permanecía cerrada durante la época estival. El ambigú se trasladaba a la playa Benítez, lugar en el cual se disponía de una especie de chiringuito -con servicio de duchas para los socios-, en que se realizaban diversas actividades.



Fin del ‘casino’


Ya en la década de los 90 comenzó el declive del Centro Recreativo y Cultural de Villajovita, que al igual que otras entidades ilustres de la ciudad, estaba abocado a la desaparición. No existe una causa concreta que derivara en su cierre definitivo, quizás fueron varias. Pero parte del ‘casino’ sigue vivo. Y no solamente en la memoria de los antiguos vecinos y socios, sino físicamente, puesto que una casa situada en la zona posterior, guarda el archivo de aquel centro que durante años fue ejemplo de convivencia vecinal, y de desarrollo de la vida social y cultural. 

lunes, 24 de noviembre de 2014